Bramido de Ciervo

 La imagen es: un hombre con cabeza de pájaro, que va cayendo de espaldas, un bisonte herido por una flecha. Que vuelve la cabeza hacia atrás porque muere.

Un pájaro y un rinoceronte que caga indiferentes a la escena. Ignoramos qué pasó. G.Bataille

Esta obra fue el preámbulo de lo que terminaría siendo nuestra obra Último Reino; la investigación partió de la necesidad de adentrarnos en nuestra naturaleza depredadora. En hablar del origen de los tiempos, cuando los hombres se reunían en cavernas en torno al fuego, cuando las obsesiones giraban en torno a aniquilar a esos grandes seres con los que cohabitaban, dónde las únicas armas eran su cuerpo, sus lanzas y sus flechas.  Cuando los hombres regresaban a sus cavernas y en las noches soñaban con esos seres, y esa misma obsesión y conexión con el todo, los llevo a plasmar la primera forma de arte que se conoce en esas imponentes pinturas rupestres.

El instinto depredador, ligado al instinto creador. Nos atrevemos a insinuar que ese mismo deseo de aniquilación, proviene de la misma fuente de placer a la que nos entregamos en el acto amoroso.

El misterio que encierra la muerte, el origen y el deseo.